
Tradición de origen colonial que ha traspasado generaciones y que, sin duda, evoca los mejores recuerdos de verano a la orilla del mar.
Esta crujiente preparación, reconocible por sus clásicas marcas tipo waffle, tiene profundas influencias europeas. Sin embargo, en Chile hemos sabido reinterpretarla, dándole un carácter propio, con identidad y sabor latinoamericano.
En los últimos años, los barquillos han vuelto a posicionarse en la escena nacional como un postre delicado, fino y lleno de carácter.
En nuestra pastelería desarrollamos esta receta de manera completamente artesanal, cuidando cada etapa para lograr una crocancia perfecta, frescura en cada pieza y un sabor equilibrado que contraste armónicamente con su relleno y baño.
El proceso es 100% hecho a mano, dependiente de la técnica, precisión y experiencia de nuestras maestras pasteleras. La producción comienza desde cero: quebramos uno a uno los huevos para separar claras y yemas. Luego batimos con azúcar, incorporando aire para lograr una textura ligera, a la que posteriormente añadimos los ingredientes secos y las materias grasas.
Así obtenemos una mezcla suave, homogénea y de intenso color dorado. Esta se cubre con papel film y se deja reposar en frío, permitiendo que madure y alcance su consistencia ideal.
Tras 24 horas, la mezcla ha integrado completamente sus componentes y está lista para su cocción en una prensa que supera los 220°C. A partir de aquí, el proceso exige máxima atención al detalle, técnica y coordinación para controlar porción, tiempo, temperatura y rapidez en cada movimiento.

La mezcla se vierte en la prensa, se aplica la presión exacta y, en cuestión de segundos, ocurre la cocción. Luego, se retira cuidadosamente y se enrolla aún en caliente, momento crítico en el que el barquillo pasa rápidamente de un estado flexible a uno rígido, definiendo su forma final.
Una vez formados, pasamos al baño de chocolate artesanal. Este se realiza manualmente, utilizando una cuchara para dejar caer un hilo de chocolate en el interior del barquillo, girándolo cuidadosamente para lograr una cobertura interna completa.
Tras el secado, cada barquillo se rellena con abundante manjar artesanal, asegurando que cada centímetro quede completamente cubierto. Luego se deja reposar nuevamente antes de avanzar al proceso final: el sellado de sus extremos con chocolate fundido.
Una vez listos, los barquillos son envasados, sellados y etiquetados, manteniendo intacta su calidad.

En Tortas Van Treek, los barquillos no son solo un producto, sino una expresión fiel de nuestro sello, representando nuestros cinco valores esenciales:
proceso artesanal, calidad, cantidad, frescura y sabor.
Ven a probarlos… pero hazlo a tiempo, porque se agotan en un abrir y cerrar de ojos.